10mo encuentro – sábado 29 de agosto

 

Retomamos lo visto en el ultimo encuentro antes del parcial. Habíamos re trabajado sobre la concepción de familia y en base a eso sobre la entrevista. Ustedes, en función de lo que definían nuevamente como familia, puntearon que aspectos tendrían en cuenta a la hora de acercarse a una familia, en una visita o entrevista.

De lo compartido,  surgieron los siguientes aspectos:

  • Contexto Socio-histórico
  • Condiciones del Hábitat
  • Descripción del núcleo conviviente
  • Observar redes / relaciones entre cada uno y con la comunidad
  • Nivel socioeconómico
  • Comunicación / interacción / formas de vincularse / roles / valores / miradas diferentes

En paralelo a la observacion de estos aspectos punteados, decíamos de ir generando un vinculo, observando acciones y reacciones, e ir identificando el peso del rol de cada integrante en el conjunto.

Decíamos que la idea es “ver lo que pasa a diario”, en otras palabras, meternos en la vida cotidiana de la familia.

Retomando ese “Ver lo cotidiano” es que planteamos el trabajo en grupos, sobre la situacion públicamente conocida de Piki, en base a la siguiente nota periodística:

Sostienen que para llegar a un asalto, antes el Estado estuvo ausente

Lo que Piki venía diciendo

El chico que convocó la atención el lunes por la noche en un asalto con toma de rehenes se negó a declarar ante la jueza. Fue derivado al Instituto Roca, donde permanecerá alojado. Especialistas sostienen que el Estado sólo aparece en su faz punitiva.

Por Horacio Cecchi

El lunes por la noche, en Ramona, el único momento en que Piki logró concentrar la atención.

En la mañana, temprano, Piki empezó a dar sus primeros pasos por los pasillos de la Justicia penal. Sobre sus hombros pesaba una calificación cierta, algo ampulosa para tratarse de la primera, pero cierta: privación ilegal de la libertad y uso ilegal de armas. Se sentó ante la jueza de Menores nacional Julia Marano Sanchís. Y se negó a declarar. Hizo uso de su derecho, que los tenía finalmente. No podrá argumentarse, de todos modos, que no habló: al menos hace 19 causas que viene hablando, pidiendo en un reclamo de sordos, porque cada una de esas causas pareciera un llamado desoído. Y justo cuando el Estado se sentó a escucharlo, en su impetuosa irresponsabilidad adolescente Piki se negó a responderle. A la Justicia. A los 16, sabrá lo que hace. Ahora quedó alojado en la institución destinada a menores como él, el Roca, donde deberá aguardar la sustanciación del proceso.

Paradójicamente, desde el lunes a la noche Piki logró –a un costo que no está claro si podrá reflexionar o no– concentrar toda la atención del mundo adulto que pareció faltarle durante sus 15 años anteriores. La noche del asalto con toma de rehenes hubo inmediatamente cámaras, vecinos, rehenes, espectadores, todos atentos a cada uno de sus movimientos. Incluso el Estado estaba allí. En función policial y emergentóloga (también había ambulancias, por las dudas). No podrá decirse que no se lo atendió, aunque quizá, según los especialistas, se esté llegando tarde.

Su padre dijo que “jamás estuvo integrando ninguna banda de nada y no tiene ninguna causa por robo de automotor”, pero “le inventaron porque ya tenían su nombre. Una vez lo detuvieron porque andaba con una pistola de videojuego”. “Es un chico normal, lo que pasa es que el problema de la adicción ha derivado en todo este tipo de cosas. Lo detectamos hace un año y pico, hemos tratado de solucionarlo y ha ido a institutos, pero no hemos tenido una respuesta favorable a esto”, se lamentó.

Cuando un chico cae es porque cayó la ley, los padres no funcionan como garantes, no les cree –sostuvo la psicoanalista Gabriela Leder Kremer, especialista en infancia y adicciones y directora de la comunidad terapéutica Los Naranjos–. A los padres se les pide que sean garantes y al mismo tiempo el Estado a esos padres les cierra la puerta como adultos. Si el chico está fuera de la escuela, si la madre está fuera de la rueda productiva, si el padre no está o está sin trabajo, si el hermano no está o está preso, si están enfermos o no hay techo, o los están por desalojar, al final de cuentas el paco se encuentra con un nene que está dispuesto a estar anestesiado. Los adultos estamos metiendo a los chicos en el paco y ahora tenemos que sacarlos, no acusarlos. Lo que hay que darles a los padres son herramientas para recuperarse como garantes.”

En la ciudad, 14 defensorías zonales están abiertas para atender los pedidos como los que el padre de Piki lamentó no haber resuelto. Dependen del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del gobierno porteño. La ley 114, considerada de avanzada por los especialistas, es la que lo crea y le da el marco. “La ley es de avanzada, pero el organismo encargado no la pone en práctica. No existe –explica Clarisa Adem, abogada de la Asesoría Tutelar porteña–. Antes de que llegue la Justicia penal hay infinidad de situaciones en las que el Estado está ausente. La ley 114, que es de avanzada, impide a jueces y policías que intervengan antes y ordena que lo haga el Consejo, pero el Consejo no hace nada o demora un mes cuando de una Defensoría le piden recursos por el pedido de un padre.”

Dónde va a pedir ayuda un padre –preguntó Adem–. El 80 por ciento del presupuesto del Consejo está destinado a instituciones de internación y el resto a los operadores en la calle, cuando hacen falta más operadores porque son los que están más cerca. De los 33 hospitales públicos porteños, sólo dos tratan adicciones y, entre los dos, hasta hace poco tiempo solamente se juntaban cuatro camas destinadas a desintoxicación en toda la ciudad. No es un problema de costos, sino de prioridades políticas. En un gobierno como el de Macri, la prioridad es la tercerización porque es negocio.”

La consigna fue: “Reconstruyan 1 dia en la vida de Piki”. Luego nos dimos cuenta que mejor hubiese sido “Un dia en la vida de la familia de Piki”.

Las primeras dos impresiones compartidas fueron:

  • “Esa familia es un desastre”
  • “El Estado estuvo ausente”

El planteo fue, que mas allá del estado, nos centremos en la situación particular, en la Vida cotidiana de Piki y su familia, y nos preguntemos ¿cuales son las cuestiones que hacen que Piki se encuentre en esa situacion, y otros chicos (en una situación socioeconómica y familia similar) no?.

Veíamos que la familia de Piki venía reorganizándose continuamente, lo que generaba mucha inestabilidad (económica, de organización de los tiempos, de las relaciones, etc.)a sus miembros.

Analizábamos que si la familia era una institución social, el espacio donde se daba y reproducía lo instituido, pero a la vez se generaban cosas nuevas (lo instituyente), era el espacio de la vida cotidiana.

En ese espacio hacíamos referencia a los vínculos, las tensiones y conflictos, la distribución de actividades y tiempos, los espacios compartidos, y los espacios de estudio y trabajo.

Para profundizar sobre el tema, y el encuentro que viene poder analizarlo conceptualmente, quedamos en leer el capitulo 1 del libro”La mujer y la profesión de Asistente Social” de Estela Grassi, de la pagina 9 a la 27 (subí el libro entero para el que lo quiera ver).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: